sábado, 6 de noviembre de 2010

Ella y El. Octava parte.

Se hizo un silencio incomodo. Ninguno de los dos sabía que decirse, ni que hacer. Si miraron a los ojos en silencio. Todas las palabras que en sus mentes se iban formando, poco a poco se iban desvaneciendo. Les importaba poco y nada que la gente que se encontraba en la plaza los estuviera mirando, pues, parecía extraño que una pareja se estuvieran simplemente…mirando.
- ¿Sos feliz acá?- le pregunto el, rompiendo finalmente el silencio.
- Que pregunta rara. ¿Por que me preguntas eso?
- Por preguntarte algo. Nunca estuve en una situación así.
- Yo creo que tampoco. Siempre fuiste vos la persona que yo quería…Creo que simplemente tenemos que dejar que las cosas fluyan, ¿no te parece?
- Si…puede que tengas razón – respondió el con una sonrisa.
La tarde culmino con ellos dos riendo, jugando en la hierba, hablando sin parar. Cuando comenzó a oscurecer, el se ofreció a llevarla a su casa. Se despidieron con un tierno beso en los labios, seguido de esas miradas que solo se producen entre dos almas enamoradas.
Los días que sucedieron a ese encuentro fueron relativamente iguales. Se encontraban en el mismo lugar, y se pasaban unas cuantas horas, allí sentados, charlando, besándose. Cada tanto, se los veía caminar de la mano, mientras reían de la gente que caminaba a su alrededor, o de algún chiste interno que florecía entre ellos.
Claro estaba que ninguno de los dos, se animaba a dar un paso en falso en eso que estaban teniendo, a lo cual también, ninguno de los dos le ponía un titulo. Santino volvía a su casa más feliz que nunca. Sentía como crecía un sentimiento en su interior, uno que hacia mucho tiempo no experimentaba. Pero un miedo que olía a experiencias pasadas, lo bloqueaba al momento de expresarse, y se quedaba callado, y nunca avanzaba. Luz, se encontraba en una situación muy similar a la de Santino. Pero con la diferencia que ella no avanzaba por que simplemente no podía creer que el se fijara en ella de una vez por todas, y prefería disfrutar de esos momentos, siempre pensando que en cualquier momento Santino la dejaría y seguiría su vida de excesos a la cual estaba acostumbrado.

1 comentario:

Judith dijo...

Al fiiiiiin!
Muy buena!